Yo, únicamente yo, soy responsable de lo que siento
Pensar que nuestros sentimientos los causan los demás representa una gran fuente de violencia. En efecto, si le dices a tu hijo: “Estoy triste porque no arreglas tu habitación”, se le hace creer, desde su más tierna infancia, que él es responsable de nuestro malestar y se le incita a pensar que tiene el poder de hacernos felices o desgraciados, cuando en realidad “estamos tristes porque nos gusta el orden y/o porque necesitamos tener la seguridad de que nuestra educación da sus frutos…”. Al hacer a alguien responsable de nuestros sentimientos, añadimos a su vida la carga de la nuestra y renunciamos a nuestro poder.
Elogio al entusiasmo
(Fotograma de la película La vida es bella)
En tiempos de indignación parece contrapuesto estar reivindicando el entusiasmo como motor de nuestra existencia, tanto individual como colectiva. Sin embargo, es un ejercicio necesario el comprender la simultaneidad de nuestras emociones, así como las graves consecuencias que conlleva instalarse en creencias limitantes, más aún cuando se contagian masivamente. Mucha gente se siente hoy invadida por sentimientos de desesperanza, impotencia y pérdida de validez personal. No cabe duda de que existen razones y evidencias para ello. Pero también es cierto que por nuestras venas sigue circulando la vida, que el corazón sigue batiendo, que todo nuestro organismo sigue despierto y sensible. No hemos perdido aún, que se sepa, la capacidad de sentirnos vivos, de decidir hasta dónde queremos que nos afecten los sucesos del exterior y, sobre todo, no hemos perdido la facultad de seguir sintiendo y amando. Tenemos, si queremos, la posibilidad de cambiar, de decidir cómo vivir.
Una buena infancia. En busca de valores en una época competitiva
¿La comida basura, el alcohol, el estrés y los hogares rotos han conducido a un deterioro de la infancia? ¿La infancia es como debiera ser? ¿Es la vida más difícil para los niños ahora que antes? ¿Por qué?
Indefensión aprendida
La Indefensión aprendida, o adquirida, es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. Como resultado, permanece pasivo frente a una situación displacentera o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias.
La falacia del hombre de paja o cómo rebatir un argumento sin argumentos
La denominada “Falacia del hombre de paja” proviene de una antigua costumbre militar en la cual los hombres de paja se utilizaban para entrenar a los soldados en el combate y, obviamente, eran muy fáciles de abatir.
Tranquilidad
A mi mujer le ha costado comprenderlo. Hace algo más de cuatro años que nos conocemos. Por aquel entonces, una serie de acontecimientos a diferentes niveles -familiar, laboral,…-, la mayoría provocados por mí mismo voluntariamente, hicieron que mi vida cambiara por completo. Y entre otras cosas, por qué no decirlo. Conocerla a ella tuvo mucho que ver.
Reflexión sobre el castigo físico a los niños
Hace un par de semanas, El País sacó una noticia aterradora: la firmaba David Alandete desde Washington y hablaba de un manual escrito por el pastor evangélico Michael Pearl, padre de cinco hijos (pobrecitos), titulado Cómo educar a un niño. El primer capítulo del libro empieza así: “Pégale a tu hijo”. Y en eso, en el castigo físico, se basa toda su teoría pedagógica. Aconseja golpear a los niños con una tubería flexible de plástico de 0,6 centímetros de diámetro, porque con ese artilugio los zurriagazos son muy dolorosos, pero la piel no queda gravemente dañada (es un método que Pearl comparte, entre otros, con los mafiosos que torturan a sus prostitutas). En cuanto a los niños menores de un año, añade magnánimamente, “basta una vara de sauce de 25-30 centímetros de largo y medio centímetro de diámetro, sin nudos que le puedan cortar la piel”. Imaginen lo que es un bebé de menos de un año, con su indefensión y su piel de seda y sus dodotis. E imaginen la vara. ¿Qué supuesta tropelía habría podido cometer un pequeñín así para merecer semejante castigo? ¿Vomitar la leche?
SLOW: una nueva cultura del tiempo
El Movimiento Slow, con un número creciente de seguidores a nivel internacional, propone la valoración de los procesos que llevamos a cabo para alcanzar los fines. No tanto la lentitud del hacer como la consciencia en las cosas que hacemos. No tanto el deseo del beneficio último como el beneficio integral de todos los factores involucrados. En España, la asociación Slowpeople apoya este movimiento.








