Tranquilidad
1 diciembre 2011 at 8:31 Deja un comentario
A mi mujer le ha costado comprenderlo. Hace algo más de cuatro años que nos conocemos. Por aquel entonces, una serie de acontecimientos a diferentes niveles -familiar, laboral,…-, la mayoría provocados por mí mismo voluntariamente, hicieron que mi vida cambiara por completo. Y entre otras cosas, por qué no decirlo. Conocerla a ella tuvo mucho que ver.
A lo que iba. ¿Qué le ha costado comprender? Decía que, desde que nos conocemos, siempre que alguna vez hablamos sobre cómo nos sentimos, si somos felices, si estamos satisfechos con lo que tenemos o hacemos, etc., y ella me pregunta directamente sobre mi estado de ánimo, yo suelo contestarle, sonriendo: estoy tranquilo.
Hace un tiempo, a veces se conformaba. Pero otras veces comentaba quedarse insatisfecha, sobre todo cuando esperaba algo más que ese “estoy tranquilo”, tal vez algo así como “soy muy feliz”, “estoy muy contento”, “me siento a gusto”, “todo va genial”,…
Cariño, ¿cómo estás? Estoy tranquilo. ¿Estás bien? ¿A gusto? Sí, estoy tranquilo. ¿Cómo van las cosas en el trabajo? Bien, en calma. Estamos tranquilos. ¡Jajajaja! Me río porque sí, lo entiendo. Que alguien siempre te conteste estar tranquilo te puede poner un poco nervioso.
Hoy ya lo ha comprendido y sabe que cada vez que me escucha decir “estoy tranquilo” puede hacer una traducción libre a todas esas manifestaciones típicas de felicidad, consciente de que, a la vez, estoy diciendo que sí, que soy feliz, que me siento pleno, que las cosas están donde quiero que estén, que acepto la realidad de ese preciso momento, que nada me perturba, que ha sido un buen día, que estoy disfrutando.
Leyendo la contraportada de la Vanguardia del 24 de octubre, Ramiro Calle recordaba que “como dijo Buda, no hay otra dicha que la paz interior. Los sabios orientales de antaño decían que era lícito emplear parte de tu energía en mejorar tu calidad de vida externa. Pero recalcaban que hay que reservar también una parte para mejorar nuestra calidad de vida interna”.
Cada día tengo más claro que, a través de la conciencia y la aceptación de uno mismo y de la realidad, como dice el propio Ramiro, el bienestar personal depende de uno mismo. Y para mí el bienestar pasa por la tranquilidad. Ser feliz implica estar tranquilo. Estar tranquilo te lleva a la felicidad.
Sigo leyendo a Ramiro, y me veo hace algo más de cuatro años, con 26, como un triunfador fracasado. “Esta sociedad constantemente crea lo que llamo triunfadores fracasados. Son aquellos que han conseguido todos los logros materiales, un buen estatus, bienes, riquezas… pero que, a la postre, se llevan mal con su pareja, con sus hijos, no tienen ni un solo amigo, no conocen lo que es la compasión… ¡vaya triunfador! Este perfil es lo que más prolifera en las sociedades modernas.”
Si tuviera que describir cómo me sentía entonces diría inseguro, insatisfecho, desubicado, triste, enfadado, perdido, indignado, irritable,… definitivamente intranquilo.
Los picos estarán ahí siempre. Más de una vez he insistido en lo necesario que es asumir el descontrol incontrolable -valga la redundancia- de nuestras vidas. Habrán subidas de alegría, y bajadas de tristeza, ambas igual de importantes de experimentar, asimilar y mostrar, y que no tienen nada que ver con la elección de la actitud de felicidad, independiente del estado de ánimo. Una vez las hayamos disfrutado y hayamos aprendido, habrá que dejarlas pasar, y pronto reencontrar el equilibrio, la calma, la tranquilidad.
Y en esa serenidad nacen el resto de virtudes que intento promover desde aquí. Respeto, atención, aceptación, no juicio, concentración, coherencia, paciencia, constancia, creatividad, dinámica, perspectiva,…
Ahora, cuando mi mujer me pregunta ¿Cómo estás?, antes de que me dé tiempo a contestar, entre carcajadas, ella me suelta irónicamente ¿Estás tranquilo, verdad?
Copio a Buda. No hay mejor sensación que encontrarse tranquilo.
Fuente: http://www.unavidasencilla.com/es/2011/12/tranquilidad/
Entrada archivada en:Desarrollo personal. Etiquetas:calma, conciencia, felicidad, interior, materialismo, on line, oriental, paz, psicólogo, psicología, Psicoterapia.



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